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Es ciertamente difícil llevar a
cabo una exposición conjunta de dos personas dotándola
de un nexo común que relacione su obra de forma más
o menos evidente.
Además, supone una dificultad añadida poner un título
adecuado y representativo de la misma. En este caso el título
surgió casi por si solo. Los dos trabajábamos ya con
un elemento difícil y emocionante, que nos seduce y atemoriza
al mismo tiempo, la superficie blanca.
La superficie inmaculada del papel. La superficie blanca para intervenir
en ella de múltiples maneras (rasgando, cortando, taladrando,...)
recorriendo el camino que en su día nos mostrara Fontana.
Incorporando otros elementos como cabellos, alambres, gomas,...Siempre
intentando nuevos significados, sugiriendo y mostrando nuevos caminos
para ver e interpretar lo visto.
Una de las formas de trabajar que tenemos en común es la
auto limitación de los medios. Conseguir lo máximo
con lo mínimo (como ya nos enseñó Mies Van
Der Rohe aplicándolo a sus obras). Un papel y un elemento
punzante puede ser suficiente para dibujar y sugerir.
Nos conmueve la blancura del papel y nos excita la violación
de su superficie. Hemos jugado con la representación de elementos
cotidianos como el texto de un periódico, el arabesco de
un encaje o una receta de cocina.
El relieve del papel, forzado con recursos sencillos, hace aún
más sugerente su blancura siempre ayudado por la luz. En
esta exposición la luz es fundamental. La luz que nos muestra
los matices del blanco y al mismo tiempo produce la sombra sutil
del relieve. Apropiándonos del título de la obra de
Tanizaki, esta exposición podría titularse también
"El elogio de la sombra".
Tratamos la representación dudando y planteándonos
preguntas: sobre el concepto de realidad, de realismo, sobre códigos
establecidos, sobre la técnica, lo ortodoxo,....¿Cuales
son los límites?, ¿se puede dibujar con alambre?,¿se
puede colorear con globos?
Hemos querido jugar con lo sutil y lo evidente. Con lo convencional
y lo nuevo, con la ortodoxia y las nuevas maneras, con lo sugerente
y lo obvio. Con esa dicotomía siempre presente en el hombre.
Nati Cebrián y Adolfo Matute
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