A veces uno se encuentra a lo largo de su vida con situaciones,
personajes ó acontecimientos con magia, como al margen
del mundo diario, tan bellos que conmueven y marcan a la persona
que los vive. Estas experiencias pueden buscarse en vano durante
años, para de pronto, cuando y donde menos se esperaba,
surgen y te maravillan.
Una de estas experiencias es el Carnaval de Venecia tiene personalidad
propia y magia propia. Esperando encontrar una ciudad monumento,
recuerdo de lo que fue, surge un sueño de colores y sonrisas,
agua y piedra, canales y callejones tras los cuales aparece
y desaparece la belleza, elegancia y glamour del XVII pero en
el siglo XXI
Es dificil hacer referencia a los carnavales y no pensar en
esta ciudad. Es el Carnaval e induscutible protagonista por
tradición, por evocación y por la sencilla razón
de que Venecia en sí es ya una ciudad enmascarada, misteriosa
y mágica, en la que en lugar de moverte por un decorado
lo vives dentro.
Venecia, la ciudad de los canales, es un conjunto de más
de 100 islas unidas en una laguna pantanosa en el mar Adriático.
Su patrimonio artístico como la plaza de San Marcos “el
salón más bello de Europa” es reflejo de
la riqueza de algunos de sus habitantes que patrocinaban a aventureros,
pintores, arquitectos, músicos y demás artistas
durante los siglos XV a XVIII, como Marco Polo, Petrarca, Bellini,
Vivaldi, Tiziano, Biombo, Tintoretto, Veronés, Tiépolo…
pero sin duda su fiesta más popular es el Carnaval, cuya
tradición se remonta al año 1000, cuando Venecia
dominaba gran parte del mediterráneo, se hizo oficial
en siglo XII y alcanza su apogeo en el XVII, cuando a él
acudían viajeros y aristócratas de toda Europa
en busca de diversión, anonimato (de ahí los famosas
cinco tipos de máscaras) y placer. Su origen era la nobleza
disfrazada para salir a mezclarse con el pueblo.
Desde entonces las máscaras son el elemento más
importante del carnaval. Celebrar el carnaval, suponía
además, una especie de cantar de gesta, pues en él
se utilizaban acontecimientos históricos como fuente
de inspiración, de forma que historia y realidad se mezclaban
y confundían formando parte del ingrediente festivo.
Con la decadencia económica de Venecia, el carnaval casi
desaparece, resucitando en el siglo XX con el auge del turismo.
Va más alla de la turística imagen de la nariguda
máscara del doctor de la peste que abarrota los talleres
de la ciudad.
A través de esta exposición intentamos transmitir
algo de la luz, color, magia, ilusión, alegría
y diversión de Venecia y el Carnaval, siendo únicamente
una visión incompleta de la ilusión que representa.