INFORMACION PEDAGÓGICA
Introducción
Generalmente, una vez abandonada la etapa del garabateo, el primer objeto
reconocible en los dibujos de un niño es una persona. A medida
que va creciendo, su arte va reflejando el progresivo conocimiento que
adquiere del medio social en el que vive. A través del dibujo el
niño nos proporciona parte de sí mismo; cómo piensa,
cómo siente, cómo se ve a sí mismo y a los demás….
Para ellos, sin embargo, el dibujo no es más que una actividad
espontánea, placentera y dinámica.
El componente creador en los dibujos infantiles comienza tan pronto como
el niño traza los primeros rasgos. Lo hacen inventando sus propias
formas y poniendo algo de sí mismos, de una manera que es únicamente
suya.
A los 13 meses el niño suele hacer su primer garabato, trazo que
es muy importante ya que son los comienzos de un tipo de autoexpresión
que le van a conducir, entre otras cosas, al dibujo y a la palabra escrita.
Los primeros garabatos corresponden a una etapa de aproximación
a la realidad. Sin embargo, cuando ponen nombres a las formas trazadas,
aunque para el adulto no sean identificables, para ellos ya tienen una
intención figurativa y será a partir de ese momento cuando
el niño dibuje para representarse a sí mismo y a su mundo
más inmediato. Más adelante se interesará por el
entorno y el mundo exterior.
Desde muy pequeños son sensibles al color, sin embargo empezarán
a querer utilizar distintos colores con distintos significados en la edad
en que da nombre a sus garabatos.
La diferencia de nivel de los garabatos refleja las transformaciones fisiológicas
y psicológicas del niño. Así, por término
medio el niño garabateará siguiendo las siguientes fases:
Garabato desordenado: Surge por azar a los 18 meses. El niño no
intenta reproducir nada, simplemente realiza movimientos por placer.
Garabato controlado: Seis meses después de estar haciendo garabatos
desordenados, el niño descubre que hay cierta vinculación
entre sus movimientos y los trazos que ejecuta en el papel, esto hará
que muestre gran entusiasmo por sus realizaciones, por lo que irá
en busca del adulto para que comparta su alegría.
Garabato con nombre: Entre los dos y los cuatro años el niño
pone nombre a los garabatos que traza casualmente. Da un significado a
sus grafismos y lo hace buscando un significado simbólico. Aunque
las producciones son parecidas a las anteriores, empleará más
tiempo en dibujar y sus garabatos se irán haciendo más diferenciados.
De 2 a 4 años
Durante este periodo, el niño pone nombre a los garabatos
que traza casualmente. Da un significado a sus grafismos y lo hace buscando
un significado simbólico. Aunque las producciones son parecidas
a las anteriores, empleará más tiempo en dibujar y sus garabatos
se irán haciendo más diferenciados.
Para el niño la función del dibujo es dejar constancia de
su yo y hacerse entender, haciendo participar a los otros de unos signos
que posibiliten la comunicación. Por ello, él mismo, las
personas y los objetos más próximos a él son los
protagonistas de sus dibujos.
A partir de los cuatro años los garabatos evolucionan hacia formas
reconocibles y generalmente el primer símbolo logrado es la figura
humana, que estará marcada por los garabatos que hizo antes.
De 5 a 7 años
A estas edades los signos casi abstractos del principio dejan de serlo
y van adquiriendo atributos descriptivos que corresponden a la morfología
de las cosas, aunque muy sencillamente.
Se trata de dibujos muy simples de comprensión universal que para
el niño cumplen una doble función; por un lado el reconocimiento
y comprensión del mundo propio; por otro, la comunicación
con el exterior.
Empieza ya a aparecer la representación del espacio y los cuerpos
empiezan a estar ordenados en el papel. El nivel de descripción
es aún muy conciso y simbólico, y aparece sólo lo
indispensable para que no haya confusiones en la interpretación.
El dibujo desempeña una función explicativa y comunicativa,
y el niño podrá explicar historias con una complejidad que
la escritura aún no le permite.
De 8 a 10 años
A partir de estos años, los pequeños cambian
de objetivo y se interesan primeramente por el entorno y después
por el medio cultural y social que les rodea. A esta edad les interesa
expresarse detalladamente, pretender explicar el entorno sin metáforas,
más literalmente y no de forma figurada.
Demuestran preferencia por un realismo descriptivo minucioso y detallado,
por lo que intentan imitar los objetos. Pretenden, a través de
sus producciones, explicar el mundo tal cual es y según las normas
establecidas.
De 11 a 13 años
En esta fase, desean sentirse plenamente integrados en la
sociedad y al empezar la adolescencia se vuelven más críticos
y ya no les interesa explicar simplemente la realidad sino también
el opinar acerca de ella.
Buscan formas más y más naturalistas, sin embargo, abandonan
el detalle y la descripción de cada una de las partes de un todo
para enseñar sólo lo que les apetece y con el punto de vista
que les conviene.
Representan detalles de la figura humana y cada vez necesitan tener más
destreza y más dominio del dibujo porque tienen una actitud crítica
y comparan constantemente sus resultados con los de los demás.
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